Si quieres practicar la compra consciente debes empezar por saber, al menos, de qué está hecha la prenda u objeto que vas a comprar. 

Hace unos días me gustó un collar de cerámica. En su etiqueta ponía porcelana. Lo pagué y me lo llevé puesto. Luego, quise saber un poco más.

La porcelana se inventó en Oriente entre los siglos VII y VIII y llegó a Occidente de la mano de Marco Polo. Este material se convirtió en un obsesión y objeto de deseo en Europa. Su fórmula se mantuvo siglos en secreto. Fue a principios del siglo XVIII cuando Johann Friedrich Böttger, alquimista alemán, reinventa la porcelana y se convierte en director de la primera fábrica en Europa, en Meissen (Alemania). 

Creo que, como las personas,  la porcelana es un material misteriosos, complejo y contradictorio. Es compacto, fino, duradero, luminoso, frágil y, al mismo tiempo, extremadamente fuerte. En joyería es un material valorado. La porcelana producida de forma artesana da lugar a piezas de alta artesanía, extraordinarias por su belleza, delicadeza y originalidad.

Los procesos para crear este tipo de objetos son lentos y laboriosos. Para elaborar cada una de las bolitas que componen un collar de cuentas de porcelana artesanal, se necesitan entre cuatro y seis semanas: se prepara el material, se crea el color, se da forma a la pieza, se deja secar gradualmente para que no se deforme y, una vez que está completamente seca, se cuece por primera vez para endurecerla. Después, se aplica el esmalte y se cuece por segunda vez a una temperatura más alta. 

Basta con conocer mínimamente el proceso, para entender dónde reside el valor de una pieza de porcelana de alta artesanía. Un joya así es valiosa por su diseño, pero también por la pasión, dedicación y conocimiento que albergan sus materiales.